Ernesto Pfeiffer es, sin duda alguna, un cultivado y elegante editor. Una de sus producciones más recientes es Tarde o Temprano, antología poética de Thomas Hardy (1840-1928) en traducciones de Armando Roa Vial. Según éste nos señala en el prólogo, Hardy "fue ante todo un embajador del desencanto: enemigo inveterado del rancio optimismo de la cultura finisecular de su época, hizo de la poesía el excurso de un misántropo, la apostilla de un hombre rebelde que se negó a aceptar una cultura que alentaba renovadas supersticiones en la perfectibilidad del hombre, que traficaba con la ingenua devoción a un destino auspicioso en nobre de un dios benefactor". He aquí una pequeña muestra.
EL DESCUBRIMIENTO
Vagué por la cruda costa
como un fantasma;
sobre las colinas asomaron fogatas,
-al parecer fúnebres piras-
y escuché el murmullo de las olas
retumbando a lo lejos y sacudiendo las orillas.
Y nunca imaginé en mi camino
una madriguera retirada y luminosa
donde habría de yacer el amor,
hasta que encontré aquella fosa escondica
donde estalló mi corazón,
mi corazón que no podía sino seguirla.
ANTES Y DESPUÉS DE LA VIDA
Tiempos hubo -uno puede adivinarlo
por el propio testimonio de la tierra-
antes del nacimiento de la conciencia,
en lo que todo marchaba sobre ruedas.
Ningún hombre padecía enfermedad, amor o pérdida,
ningún hombre sabía de remordimientos, desesperanzas
o quemaduras del corazón;
ningún hombre se inquietaba ante golpes o disoluciones.
Si algo tocaba fin, ninguna lengua lloraba.
Si algo gemía o menguaba, ningún corazón era retorcido:
si el brillo se apagaba y la oscuridad prevalecía,
ningún espíritu era herido.
Hasta que brotó la enfermedad del sentimiento
y la virtud más preciosa se tiñó de vicio;
pronto sería el turno de la reafirmación
de la estupidez y la ignorancia:
¿por cuánto tiempo, por cuánto tiempo?