Retorno
Dos sobre mi matrimonio uno
Antonio Cisneros
1
«Una vez que la fragata fue amarrada en el muelle,
Úrsula bajó a tierra y la siguieron
más de 11.000 muchachas que tampoco conocían varón».
Y me topé contigo. Recién Desembarcada.
2
Yo construí un hogar sobre la piedra más alta de Ayacucho, la más dura de todas,
guardado por el puma y el halcón y bajo techo/ una fogata redonda y amarilla.
Pero poco quedaba por ganar: apenas fue el final de esa alegría guardada y desgastada entre los años
-hace siete veranos por ejemplo,
gloriosos y enredados junto a las grandes olas y lejos de los ojos de tu tribu.
Pero cualquier chillido -una pelícano herido, una gaviota- podían devolver el viejo miedo
y entonces/ volvías a cruzar los muros de tu tribu por la puerta mayor
-el pelo y las orejas/ eran toda a arena de la playa.
Y es el miedo que nunca te dejó, como la ropa interior o los modales.
Qué fue eso de casarse en una iglesia «barroco colonial del XVII en Magdalena Vieja»
-Pero la arquitectura no nos salva.
Verdad que allí tuvimos un par de licuadoras, un loro disecado, cuatro urnas, artefactos para dieciocho oficios, seis vasijas en cristal de Bohemia y ocho juegos de té con escenas de amor pastoril (que los cambiaste por una secadora de pelo y otras cosas que nadie te había regalado).
Así, muchacha bella, cruzaste el alto umbral (bajo el puma de piedra, el halcón de piedra,
la fogata que da luz a los dos lados del vale de Huamanga -banderas que a la larga también se hicieron mierda).
Ahora ni me acuerdo de las cosas que hablabas -si es que hablabas,
de las cosas que te hacían reír, si es que reías,
y no puedo siquiera ni elogiar tu cocina.
Fuiste un fuerte construido por el miedo (imagen medieval) que no supe trepar o que no pude,
Ahora ni me acuerdo si es que fuiste un fuerte construido por el miedo (imagen medieval),
ni si supe trepar ni si no pude.
Escribir este poema me concede el derecho a la versión.
Publicado por
Antonio Cisneros
Antonio Cisneros