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Nuevos poemas de Roberto Cárdenas

Roberto Cárdenas

COYOTE, CAZANDO EN JAURÍAS

El animal desafía al río y, a lo lejos, la metáfora

visual se estrella en Crimea.

La figura del tártaro, un pastor en el lugar

que es camino hacia todos los caminos;

un horizonte incombustible, el manantial

«Olviden su vieja y cansada ética»

Imagina un piloto, un bombardero de la Lufwaffe,

los elementos de una creación;

un héroe, un sobreviviente en fieltro

un profesor, un chamán, un mago Dusseldorf.

Pero cómo explicar la pintura a una liebre muerta

la grandeza de lo inhumano a un alma en pena.

Coyote;

hay que fracasar como artista

una nota larga que sube y que cae un aullido

disolviendo el arte en la vida

cazando en jaurías

el fuego secreto de lo animado.

Nota al pie de página: ( Si cada hombre es un artista que mire en sus pensamientos la estética de la existencia. )

DEGAS, CLASE DE BAILE EN LA CALLE PELETIER

Degas pinta interiores.

Y aunque la carne cruda le repugna

se siente atraído por el nervio de las bailarinas.

Las pinta en el equilibrio de su vuelo,

(al instante y en tul).

El delicadísimo maestro danza como loco

cuando su ojo de águila

captura la tinta de la carne.

Cuerpos robados de un eterno femenino,

pavoneos al pastel de un viejo zorro

que reverdece

con las Evas del ballet.

Vírgenes en ballerinas,

papillons d’amour.

Meras suposiciones misóginas

en una clase de baile en la calle Peletier.

EL REINO IMPENETRABLE DE LAS LETRAS

Hablarás del incendio de la luna,

de una bella flor de invernadero,

de una manzana perfumada en tu poema,

y sin pena ni gloria….partirás.

Serás la fruta podrida del cajón,

la oveja negra del rebaño

una consonancia infeliz.

Pero no te cortes la oreja,

no arrojes ácido a tu mejilla,

no te vayas al infierno

en el abismo con el lector.

El conjuro sutil de las horas,

el revés de este cielo, finge

un final que se inflama

en el vasto potrero de tu corazón.

Recuerda: un verso no es su contenido

sino la perspectiva que ilumina tu sentido.

Que el teatro negro de tu texto se encuentre

cara a cara con tu incrédulo lector.

Cuida tus palabras como si fueran

el último resto de un naufragio,

una balsa de Medusa, la salvación

de tu lengua en una tablita de Gericauld.

No laves la herida en el poema,

hunde tu pluma en el pajero lenguaje,

rompe el hueso del reino impenetrable,

junta tus palabras y sin promesas

al aire, arroja de ti la autocompasión.

Descubrirás entonces un tejido

y más tarde el órgano (siempre ciego)

del que has de ser su lazarillo,

su escriba egipcio en el umbral.

Su triste barca de Caronte,

(mala metáfora pero cierta)

que confirma la corazonada del más allá,

el consuelo de los vivos tristes.

Todo por una moneda que va y que no viene,

por un viaje de ida y no de vuelta

a la caza de un verso con doble luz,

un brote arrebatado del alba.

De muestra un cogollo: volver a empezar.

( como si el camino no se hiciera primero al andar).

Recuerda que el miedo es un órgano antiguo

disfrazado de recién nacido. No te engañe

su grito, no acudas a ese canto, a esa cuna,

ni en sueños con ese niño.

La muerte con su ropa de luces,

certeza que da sentido a la felicidad

o incluso al dolor, te separará al fin de ti,

también de los otros y nunca…..nunca más de ella.

Por eso, cuando solo quede de ti

un soplo inerme, un guarismo imbécil

en los pastizales ardientes de tu alma

y con estupor las zarzas de tu memoria olviden

En la meseta baldía de la poesía

las flores del mal o las iluminaciones;

bebe bien de su tallo ese veneno

y muere de una vez por todas,

poeta, en tu poema.

EN BLANCO Y NEGRO, CASI.

Mi no dar nunca con la arista,

mi perpetua tangente dislocada,

mi cerradura inerte,

el presentido nombre que se escapa.

Mi no dar nunca a luz la certeza coagulada,

mi no estrategia mi no coartada,

la duda impenetrable, amurallada.

Mi temblor, mi remitente,

mi frontera traicionada, mi espacio equis,

mi mirada insalvable, mi parpadeo en llamas.

Mi microbio centinela, mi puerta desgajada,

mis tumbas partidas,

el cumpleaños de la muerte.

Mi emblema de la insania.

Mi segunda primera persona,

la incógnita enamorada.

Un retrato en blanco y negro

casi nada.

ESCENA DE BATALLA POR PAOLO UCELLO

Difícil pensar en Ucello sin lanzas y jinetes,

vienen de todo el reino con cruces y banderas

a defender de la brisa a un corazón en llamas.

No hay protagonista en la irrealidad de este cuadro

en este campo de batalla (paralelo de ficción y realidad)

la danza de los follajes de malaquita

y de las armaduras espejeantes

se juegan el honor con la sangre del maestro.

Como una nube que flota en la nada

se ven los emblemas y las luces enjoyadas del metal.

Obligados en hierro a la pureza del mediodía

los caballeros prueban su honor en esta escena.

Con rigor se quieren ganar el corazón del cielo.

La batalla de Ucello no es San Romano

se está luchando con algo que no vemos

y aunque la sustancia de su arte es preciosa

la materia de su pintura se corrompe con el tiempo.

A la luz de la mañana, la plata de las armaduras se ha caído

y se apagan los verdes de malaquita y el oro.

Quedan líneas, arcabuces y tendones

caballos despanzurrados y liebres huidizas.

En la conjetura total

las liebres se fugan del campo

con la certeza animal que

el cuerpo, el volumen y los sueños

es lo primero que desaparece.

LA CONQUISTA DEL FILÓSOFO. ÓLEO DE GIORGIO DE CHIRICO.1924.

Bajo el símbolo de aquella soledad

perpleja y alucinante,

el filósofo construye el escenario misterioso de sus plazas,

donde se materializan objetos que viven de una luz propia.

Extrapoladas de las dimensiones banales de la existencia,

como señales absolutas de la memoria.

En el cuadro;

dos alcachofas,

dos verduras acorazadas y huérfanas

se reúnen en el espacio mental de la tela,

con la misma falta de sentido

de una lluvia detenida

un pájaro de cartón o unas flores secas.

En su propio mundo, encerrado, el filósofo

elabora este universo deformado y solitario.

Imagina en la lejanía una conquista

(su propia sombra arroja luz sobre la victoria de los hechos).

Es el alma indiferenciada del mundo,

el fruto prohibido de un paraíso aun más remoto

que se niega a ser descorazonado.

La conquista del filósofo no alcanza el corazón de las alcachofas:

cuando nadie mira el cuadro

se deshojan en la soledad de la filosofía.

LA VENUS DEL ESPEJO

Un rostro vulgar, una mancha

que no habla de su cuerpo y el deseo,

es la otra cara de Venus que flota en el espejo.

La sombra de la duda lo refleja. Sospecha

de las muchachas en flor, sospecha del amor.

Venus arroja luces, desliza brillos seduce al espectador

que de su belleza solo ha visto el dorso

y boquiabierto, absorto en su contemplación

cree el cuento del amor.

Velázquez, todo es mentira.....

No hay verdad que resplandezca sin belleza.

Esa mujer no es una diosa y el difuminado reflejo

que sostiene voluntario el prisionero,

(un Cupido resignado) ya sin arco y sin flechas,

da la buena noticia: la mujer no se contempla a sí misma.

La aparición especular es el resplandor de la vanidad femenina,

una fórmula incantatoria

que hace inmensamente necesario el cuerpo de una hembra en cada musa.

MARILYN EN AZUL

De la serie que A.W.

a partir del rostro de la actriz,

basado en un original

más transformaciones de color y mancha,

ha logrado en su serialidad,

una imagen que siendo siempre distinta

permanece invariable

idéntica a sí misma.

Un ejemplo:

magnífico

de la transformación del oro en espejos,

de la belleza transformada en aire,

de la rendición del original

a la caricia negativa del reflejo.

NARCISO ¿QUIÉN ESTÁ AHÍ?

Acicala su cabeza plúmbea,

se mira en la indiferencia del agua

(el polvo de la cara no oculta

la sombra violeta de la barba)

parecen un gesto cultivado

sus manos lánguidas terciopelo.

Todo es autorreferencial

complaciente.

Su cuerpo no responde a su voluntad.

Su mente sometida a sus caprichos.

Ni un solo músculo se tensa

si la luna del espejo no lo ordena primero.

PAISAJE CON LA CAIDA DE ICARO.

Sueña con alas

y por su naso mediterráneo

se distiende el aire ávido.

Ícaro vuela,

su caída no es de sol.

La ambición de Dios lo fulmina.

Ícaro Ícaro súbito colapso;

su cuerpo inerte cae Altazor.

(que no ambicionen sus pupilas el oro negro de su mirada).

El hombre no alcanza la luz,

no ambicionará contra natura.

(tarde o temprano )

la carne encierra la cárcel más oscura del mundo.

Publicado por

Roberto Cárdenas

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