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Poemas de Gerry Cambridge

Gerry Cambridge

Procesión de solsticio invernal

Ha descendido a la oscuridad del perdido fin del año

y se tiende, pordiosero, en el nido de agujas de la escarcha.

Los tordos del Ártico lo llaman aunque no los pueda oir,

y el gusano así lo entiende en su frío entendimiento de lo oscuro,

y la perdiz en la ventisca donde cualquier idea no vale una migaja,

y el pájaro canoro con sus escalofríos sobre el tronco del sabial.

Brillan las vitrinas bajo la luz urbana como el hielo y el cielo, pero ya

no pueden los brillantes regalos tocarlo liberado al silencio como la piedra fue;

su cara es blanca como el blanco papel al altísimo frío de medianoche.

Yace tan puro como el hielo donde llaman esos hambrientos tordos,

y su porción de té de un golpe no puede ya ser más ínfima

sobre el yunque inicial al ingreso del sol sobre el muro.


Hirundo rustica (*)


Mayo había construido el nido, lodo y saliva pegado al muro se alineaba con blancas plumas en el rincón de la sala de Inglés,

todos tan desdichados -¿Pero acaso no es el mundo así?- y volaron adentro a través de la rota ventana un weekend en vacaciones-

El profesor, humano, dejó allí el nido, no reemplazó el cristal. La clase al unísono escribía ese mayo, en hojas de líneas,

mientras la sangre en camadas se fusionaba lenta en la pequeña cascarón concha sobre nuestras adolescentes cabezas.

Al nacer los polluelos los adultos con astucia entraban y salían; Shakespeare se hizo difícil entre las pequeñas islas de gorgeos;

y luego los cinco anidados de brillantes ojuelos miraban hacia afuera sobre hileras e hileras de cruzadas miradas.

Un lunes de mañana la pandilla de trinos vacilaba exitada en la línea telegráfica afuera de la clase: mecíase en repentino balance

cuando un cuervo descendió desde lejos: chalupas giratorias tipeadas en las líneas de olas hacia el horizonte. Ese verano,

mi seis de la mañana alzándose así un labrador en la gélida escarcha y una luna refregándose en la sombría isla de Arran,

imaginé esos pájaros bajo la luz solar del África. Y encontré en mi bolsillo una pequeña y blanca pluma arrancada del borde

de ese nido.

(*) Golondrina común


Publicado por

Juan Cameron

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