Retorno
Poemas de Lêdo Ivo
Lêdo Ivo
Asilo Santa Leopoldina
Todos los días retorno a Maceió.
Llego en los navíos desaparecidos, en los trenes sedientos, en los aviones
ciegos que sólo aterrizan al anochecer.
En las pérgolas de las blancas plazas pasean los cangrejos.
Entre las piedras de las calles escurren ríos de azúcar
fluyendo dulcemente de los sacos almacenados en los trapiches
e iluminan la vieja sangre de los asesinados.
Tan pronto desembarco me dirijo al hospicio.
En la ciudad en que mis ancestros reposan en cementerios marinos
sólo los locos de mi infancia siguen vivos y esperándome.
Todos me reconocen y saludan con gruñidos
y gestos obscenos y aparatosos.
Cerca, en el cuartel, la corneta que chilla
separa el crepúsculo de la noche estrellada.
Los lánguidos locos bailan y cantan entre las verjas.
¡Aleluya! ¡Aleluya! Mas allá de la piedad
el orden del mundo refulge como una espada.
Y el viento del gran océano llena mis ojos de lágrimas.
(de La noche misteriosa)
El dinero de los poetas
El dinero de los poetas yace en los supermercados.
Los sueños de los poetas están guardados en los bancos.
En el desperdicio del mundo el poema de amor se inclina hacia el suelo
como una paloma que en la plaza al atardecer busca el grano de maíz
tirado por los turistas
antes que la noche la devuelva al secreto de su cornisa.
Quiero esconderme en ti, en casa, pero ninguna llave abre mi puerta.
En la playa lacerada por los caracoles ningún viento rasga mi estandarte.
Donde estoy el sol no hiere el dorso del lagarto
ni el agua del enlosado lava la muerte.
Desciendo la escala de mármol y deposito en la caja fuerte la refulgente
joya de mi pesadilla.
Para mi solo guardaré la moneda humillada por el óxido
que el tiempo condenó a no ser pan.
(de La noche misteriosa)
El pecado original
De nuestros primeros padres heredamos el pecado original
Adán y Eva desobedecieron a Dios en el paraíso terrenal
comiendo el fruto prohibido.
¡Oh dorada manzana de la vida! Día y noche
pagamos los moteles con el sudor de nuestros rostros.
(de La noche misteriosa)
Cementerio de Caju
Los muertos son como los navíos.
Así como los navíos ignoran que están fondeados en los puertos
y sujetos por las olas
los muertos no saben que están más allá de la vida respirando
el viento del mar.
Entre el cielo ceniciento y las instalaciones portuarias
la muerte es una sílaba perdida.
Sobre la lápida maltrecha la lagartija reposa
trocada en epitafio.
(de Crepúsculo Civil)
Pasajero en tránsito
Cuando los reactores se apagaron permanecí sentado.
Las luces del aeropuerto iban y venían
en la ronda rumorosa de arribos y partidas
dirigidos por las capas anaranajdas de los señaleros.
El zumbido de los chorros se arrastraba por las pistas
como la queja estrepitosa de un amante abandonado.
Entre los muros de vidrios empañados por la niebla
y los containers que estaban siendo descargados
la noche de Occidente comenzaba a nacer.
(de Crepúsculo Civil)
La humadera matinal
Más allá de los mangues y las refinerías de petróleos
que circundan al fondo en la bahía
el humo de una hoguera de neumáticos inútiles
sube en espiral hacia el firmamento
El día de los hombres se inicia con un sacrificio.
Todas las mañanas incineras el catastro de la noche
el ofrecen al cielo el vómito negro de la tierra.
(de Crepúsculo Civil)
Homenaje a un semáforo
Aquel semáforo junto al mar, en mi infancia.
Siempre amé las cosas que indican o señalan algo
-todo lo que, en silencio, es lenguaje.
(de Finisterra)
Lêdo Ivo nació en Maceió, Alagoas, en 1924. Formado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Brasil, nunca se recibió de abogado; a cambio, ejerció el periodismo. Ha publicado los poemarios Las imaginaciones (1944), Oda y elegía (1945), Acontecimiento del soneto (1948), Oda al crepúsculo (1948), Cántico (1951), Oda ecuatorial (1951), Un brasileño en París (1955), Magias (1960), Una lira de veinte años (1962), Estación Central (1968), Finisterra (1972), Señal del semáforo (1974), El soldado raso (1978), La noche misteriosa (1982), Calabar (1985), Mar océano (1987), Crepúsculo civil (1995), Nocturno romano (1997), El rumor de la noche (2000) y Pleniluvio (2004). Con ocasión de sus 80 años, en 2004, la Academia Alagoana de Letras editó su obra bajo el título de Poesía Completa, con un estudio introductorio de Ivan Junqueira, junto a sus memorias, Confesiones de un poeta. En castellano encontramos Las islas inacabadas, una selección y traducción de la mexicana Maricela Terán (1997), Los murciélagos, antología editada por Chilepoesía con traducciones de Maricela Terán y Adán Méndez (2005) y Mía patria húmeda, en Veracruz, México, con traducciones de Jorge Lobillo (2006).
Publicado por
Juan Cameron
Lêdo Ivo