Retorno
Poemas de Paul Nilsson
Paul Nilsson
una vez se escuchó ladridos en la lejanía de la noche
pero ahora todo está en silencio como en una residencia de ancianos
y es muy triste
es muy triste
en una residencia de ancianos con los cuadros donados por los muertos colgando de las paredes
y porqué había allí un piano
cerca
en una guerra en la tierra
persianas grises se giran contra persianas grises
imágenes bruscas
en el olvido fotográfico de los divididos
caen de sus bolsillos
forman un muro de nieve cayendo contra el mundo
un mosaico de espejos de inclusión
para que no dudemos de la libertad
párpados pesados
los muros
huellas que este idiota ha dejado ante él
abrir un sendero
como un enloquecido entre sus recuerdos
huellas dentro del ser verde profundo de la noche
donde los yos contra su miedo incondicional
se enredan entre sí
huellas cubiertas por la nieve
y que me han dejado solo en la blancor
donde incluso los padres han abandonado la poesía
recuerdo padres que huyeron sin motivo
y padres que se quedaron cuando no tenían porque
malditos nuestros padres
huellas como metáforas infladas
entre muros que se derrumban y muros que se alzan
monumentos y colosos
huellas a través de todo o de nada
donde no hay madre a la que adorar
ni padre que asesinar
huellas que si viera un espejo ahora
no vería ninguna imagen
sólo un espejo
huellas de una manada desorientada
animal líder
en un experimento repudiable
donde he sido abandonado
despojado de mi inclusión interior
privado de mi exclusión
huellas como un periquito confuso
sin jaula ni libertad
en una tumba de semillas
huellas como ser transportado a través de la noche
como el estuche negro de Tranströmer
pero sin violín
como el investigador de un accidente aéreo
recuerdo a mi madre bajo la lluvia
la larga columna de ceniza entre los dedos rojos
la entrada acristalada del hospital
el cementerio estaba al otro lado del aparcamiento
no es el frío
es el ahuyentado calor
que en noviembre quema tanto
incluso en verano
la gente yace con los oídos pegados al raíl
y esperan
pero en noviembre se divide la luz entre las personas
que ha rodeado
el odio acero gris que nos presiona contra la capa helada de la tierra
pero en noviembre penetra el hierro del siglo
más profundo
y rompe una brizna de hierba
pero en noviembre estoy en tu vestíbulo bajo el peso de la nieve
con miedo de abrir la puerta
con miedo de cerrar
pero en noviembre cuando las medusas tiemblan bajo la luz de la luna
eres tu y soy yo
aún así no somos nosotros
no es Lutero
y no son los meteorólogos
somos nosotros
que llevamos la conciencia colectiva
a través de la vida demente
como una antorcha con la que uno se ha tropezado una noche de agosto
nosotros
que con tizas negras contra negras pizarras
con manos infantiles
hemos tallado
nosotros
nosotros
nosotros
en los matinés de noviembre
donde a nadie le ha importado nada
que no sea uno mismo
nosotros
una lluviosa soleada o nevada noche
de diciembre
cuando nos han escatimado la belleza
cuando el paraíso es un infierno
cuando hemos perdido el yelmo de la puerta de proa [1]
y nosotros ya no somos nosotros
nosotros
en pánico angustioso
nosotros
que en noviembre
nosotros que estabamos más preocupados por la salud y el hogar
que los que nada tenían
nosotros
que nunca hablábamos de política o religión cuando comíamos langosta
[1] Bogvisiret, el yelmo de la puerta de proa. El poeta hace referencia a la catástrofe del ferry Estonia en la cual murieron 800 personas de las 1000 a bordo. El motivo del naufragio no está claro pero parece que comenzó en el yelmo de la puerta de proa que se desgajó del barco y que, una vez rescatado del pecio, se conserva en el Museo Naval de Estocolmo, Sjöhistoriska. La catástrofe sumió a la sociedad sueca en un profundo pesar ya que la mayoría de los muertos eran de esta nacionalidad.
Publicado por
Paul Nilsson
Paul Nilsson