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Poemas de Paula Bécquer

Paula Bécquer

Una de las obligaciones más esenciales de la poesía es mostrar, poner en el tapete la situación del mundo; mas sin juzgar, sin adjetivar. Pues tal tarea es beneficio de los dioses y queda del todo prohibida a los aprendices de brujos.

Pero al mostrar el poeta denuncia, expone ciertas conductas a los ojos del mundo y, sin jugar con los dados del destino -sino apenas con las palabras- acusa y delata. El poeta no calla, aún a riesgo de exponerse ante el poder, siempre presto a perseguirlo, cualquiera que sea su naturaleza. Se trata de un oficio peligroso.

Sangre de la otra costilla es un texto generoso en esta función. Apunta con una mirada muy crítica la relación de la pareja humana. La superioridad física del individuo y el abuso que a través de ella ejerce sobre su pareja se va destacando en los diversos niveles -llamados epígrafes por Paula Bécquer- de un mal llamado (en este caso) amor. La propia elección de las palabras que la autora utiliza marca los grados de la relación. Desde fugaces suposiciones y circunstancias hasta los sustantivos recargados de connotaciones –tacones, maquillaje, medias- transcurre el discurso que a ratos representa situaciones como espejos de una u otra clase o condición humana. Pero en todo estrato social el resultado será el mismo. La felicidad es apenas un país de paso (según sostiene Bécquer el El viaje) y en cualquier caso la derrota será la única salida posible. La ironía mistraliana del Todas íbamos a ser reinas se repite en el espectáculo de la caída: “Ya no queda nada/ sucumbí en el otro nombre de mi casa/ en la línea muda que yo no buscaba/ en el mundo donde nunca fui reina” (en Escombros).

La denuncia es sin duda la otra costilla de la poesía. Una denuncia tremenda que nos hace pensar en una poeta de regreso del dolor, ubicada tal vez en esa estación del desamparo desde donde el amor no es más que un ejercicio humano ya gastado y en el que no debemos, para nada, confiar.

Después de todo la poesía no es sino un ejercicio de palabras alejado de toda idea del bien o del mal, de la belleza o la fealdad, de la justicia o la opresión. Afirmación que nos resulta tan dura, y a la vez tan verdadera, como referirse al amor desde su lado oscuro o tenebroso. Pero tal es nuestra realidad: la poesía vino al lenguaje para aclararlo y limpiarlo de toda sospecha.

(Juan Cameron)



Identidad

Ya no tengo ganas de ser ella

me alejo.

y al doblar la esquina…

vuelvo a repetirlo para convencerme.

A veces

A veces, fue necesario no pensar

y que me gane la pasión

repasando cartografías

en un cuerpo desconocido

A veces, después de todo

perdono el golpe de tu boca

Y te perdono, por todos los temores

que van más allá del propio día.

Convivencia

Sentados en el aire

como si nada guardara

su propia tarde,

y todo pudiera detenerse

a centímetros del suelo,

somos dos humanos observando

lo minúsculo del mundo,

los desconocidos de un tiempo

durmiendo bajo el mismo techo.

Descendencia

El día no tenía licencias

y la noche, busca el pretexto de lo ajeno.

La niña atendía a su tercer cliente

las extremidades cansadas agotaban todo sudor

nadie sabría su nombre

ya no habría descendencia.

El parte policial, dirá escuetamente

trabajadora sexual: muerte por asfixia.

Costos

La reina del hogar

maneja un Mercedes Benz

va al gimnasio tres veces por semana

bebé café con sus amigas.

Y no quiere llegar a casa

debe asumir el costo de esos lujos.

En el temblor

Ojalá estuviera loca

mi risa resbalada hasta la punta de los pies

desbordándose en áridas contradicciones

y hasta en el temblor de los deseos.

Publicado por

Paula Bécquer

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