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Poemas de Sergio Badilla

Sergio Badilla Castillo

PAJARARERÍAS MIGRATORIAS

He vuelto a la barbarie amigos míos

como un pardal cegado que regresa a la rapacería

de su ecosistema

no obstante omitido retorna a su camada aún cuando

el vuelco flojo de la rueda abunda la tardanza

y demora el equipaje.

He vuelto a la barbarie amigos míos

más tarde de aquellos repetidos castigos

más bien

al averío con miserables razones

con las pupilas apuñaladas de llanto al cruzar la carretera.

Hubo – me recuerda mi madre - una larga época

infructuosa

de silencioso paganismo

cuando ella buscaba

a la luz trepidante de un cirio la materialidad

de la vida entre chantajistas y saqueadores.

He vuelto a la barbarie amigos míos

una vez que he dado sepultura a mis hermanos queridos.

Me repatrio a la corte de los hazmerreíres

por mera estupidez ( les debo confesar)

(y tal vez este no sea el caso y desacierte).

Era un pájaro sin bando entre las pajarerías migratorias

pagano y grotesco

con la certeza en mis labios que todavía tartamudean de pavura

ante la ávida rapiña.

Sin embargo el aplazado regresa a su bandada incluso

al giro del tiempo con mendiga espera

con sospechosa nostalgia

por mezquinas conjeturas

los párpados ofendidos de lágrimas en este trecho de la autopista

las maletas perdidas en la cinta giratoria

después de hallar los vestigios de mis hermanos muertos

y darles sepulcro en la albergada pureza de mi memoria.



EL SUJETO DEL CARRUAJE

En esta depresión se petrifica la individualidad

y la impaciencia aferrada al cerebro

me apaña con sus extremidades mugrientas

Mi crónica es sólo una sombría historia de antiguas leyendas

de ánimas excéntricas en una ciudad sitiada,

por esencias perturbadas que rebosan hasta el alba.

Con esta angustia se empiedran los rasgos distintivos de mi rostro,

el talante se abate con la necedad de la torpeza

y el sujeto del carruaje / con actitud de sajón imperturbable /

regresa con su carromato / celadamente /

para apoderarse de otro moribundo :

Es la sombra de la guadaña del carretero de la muerte

y Víctor Sjöström se concentra al observarlo desde la cámara

con un gesto dadivoso

Es el mismo David Holm en la víspera de

otro año, borracho y condenado a muerte

que divaga / sin apariencia / para cobrar los cuerpos inútiles

Con esta ansiedad se fosilizan los trazos

diferentes de mi contextura

mientras Selma Lagerlöf con su pluma regenera

las supercherías de Värmlandia

y el hombre de la carroza / con obediencia impasible /

retorna con su carricoche disimuladamente

a pretender otro agonizante

en una villa cercada,

por naturalezas inquietas.



NOCHE DE FESTÍN

Las nalgas de Marlene eran hermosas y afrodisíacas

bellas sus caderas a la altura de mis manos

la descubrí después de una borrachera hablando sola;

con los muslos apoyados contra mis flancos

la cama deshecha y una colilla extinguiéndose

en pavesa en la mesita de luz

Una señal paradisíaca en mi tierra desgastada de hendiduras.

Hacía tiempo que rondaba por regiones inexactas

donde suelen haber cantos de sirena cuando sube la marea

y la temperatura impúdica brota en licor

en el cuerpo libertino.

El refregón de su perfume me despertó ese amanecer

Cortinillas veteadas en la ventana en esa pieza blanca

devorada de claridad pájaros tropicales

de colores delirantes

y naves arrastradas por la corriente del río Paraná hacia

la cúspide donde mis pies, tropezaban con mis ojos .

y las nalgas de Marlene,

mientras la lluvia afuera, rebatía

la persistencia del otoño

al vaciarse las luces en amarillo en la intensa claridad del día.

Las nalgas de Marlene eran hermosas y afrodisíacas

esa mañana y unos cuantos días montaraces más

entre la prórroga y la profundidad

de sus secretos

como cándido ángel

recordándole que fui yo el que la descubrió

al clarear ese día en mi lecho

parloteando sola / luego de una noche impetuosa / de jolgorio.


EL HOMBRE DE CARTAGO

Se fosiliza la muchedumbre de este ancladero

con ansiedad espontánea:

Vengo a ocultar mi vida como los viejos elefantes

a esta ciudad que he preferido como hembra

pese a que ella se enemistó conmigo hace 30 años

El inventario se mofa del trotamundos con su vuelta

despreciable desgarbado todavía con su mente de europeo

con ademanes de inglés flemático agobiado de adversarios:

a escondidas

Es el viejo Strindberg caminando bajo la nieve en Karlavägen

o soy yo al mediodía en la costanera,

vagando sin rumbo para recuperar las huellas perdidas

en el pavimento.

Confusiones matemáticas explican mis años nefastos

Permanezco perplejo cuando un imprudente consulta por

la salud de mi madre y entonces pienso que aún soy trascendente

tras todas las luceras y las contrapuertas

El destierro /en el fondo/ fue más desamor que destierro

y quizás no lo que yo me imagino con en esta retornada

La luz de una farola obstruye / en parte / el repaso obstinado

de mis ojos con inquietud sincera.

El Mar está allí y se escapa en la línea de la probabilidad

de mi vista.

Augusto Strindberg / decaído y barbiluengo / ha regresado a Estocolmo

lee un volumen / en la torre azul de Drottninggatan /

sobre un hombre solitario frente al mar en Cartago.



NON NATUS

Quedó el hijo incompleto en la matriz de la helénica

de ojos glaucos

tenía apenas la forma de un bosquejo elemental de hermosura

en la infausta hora de un amor contrapuesto

desoído al momento de marchar a tientas

a la Macedonia de Alexandros

pero los ajenos, los excluidos de esta historia, el ímpetu de ellos

acabó en la parva mirada desde lejos

o en la nostalgia que hoy profeso siendo viejo.

El vástago sería sólo una excusa ingrata para la despedida

/sin imagen / non natus

Ahora entiendo cuando observo el mar en calma

la tenacidad escrita en tus pupilas intensas

mirando el horizonte,

y las palabras entredichas en un lenguaje inconexo

entre latín y griego.

Acaso el oráculo de Delfos hablaba por tu boca

en jerga extraña

y me imponía una mudanza

cuando el hijo fragmentario abandonaba

para siempre

el claustro maternal de mi helénica

de ojos glaucos

para volver sin una traza de mi sangre

a la Macedonia de Alexandros



CIUDAD TRANSREAL

Heme aquí, eternidad mía, / en este lugar /ya que no existes

más que en la incoherencia de mí intelecto

Me esté aquí paciente---así entre los humanos ---

cuando la energía se distorsiona en el caos y en la fealdad

Allí también impera la perfección y la belleza

porque la gracia es el fragmento que más reluce

en el resplandor de las sombras

y es la medida que más se oscurece en la claridad del día.

La partícula es también la totalidad descubierta desde la otra orilla

el andrajo que sobresale entre los harapos de mi vestimenta

al ofrecerme como callejera a la primera que pasa.

Acontéceme en esta circunstancia, perpetuidad mía, que no permaneces

más que en mi cerebro

En ese paraje se halla una heterogénea simetría

allí se encuentra mi fertilidad.

mi negación absoluta.

Los vicios y las virtudes me conciernan en la ciudad alucinante

idénticos en el territorio que tú observas sin mirar

porque lo conoces de memoria sin tener recuerdos

La nostalgia es sólo la presencia supuesta de un sospecha ilusoria:

Allí está mi otra identidad

Las moléculas son el todo y su complemento

una razón mayor para pensar en el quantum en la poesía

así esas féminas me enlazan a sus matrices ingénitas

en el instante que padezco de repentina agonía

en la íntima quietud de la cópula

Ocúrreme en este sitio, infinitud mía, que no vives más que en la duplicación

del esqueleto -en mi imaginaria semejanza-.

Pertenéceme pues al intervalo de la vida en la muerte

en esta individualidad tergiversada que es similar

a la verdad sucia:

así en la escoria como en el cosmos

en la unidad del vacío y la materia

y en la oposición de la gravidez y la energía

en el indicio de la más pura coincidencia


LA MUJER DEL SINAÍ

La conocí durante la tregua, cómoda y cruel

con un rifle en la mano

para matar me dijo sin ambages

qué chiflada, pensé calenturiento

y volví a mirar su culo esa mañana

a través de las cortinas

antes de irme

Me despisté en esa guerra con tanto tiroteo

al Sinaí el sol quemaba en la cabeza.

y ardían las plantas de los pies

ansiosa como zorra me fue a buscar

en celo al extremo del desierto.

Días turbulentos siguieron su hambre

y mistificaron mi sed.

Qué extravagancia, investigué su cuerpo

y otra vez miré sus nalgas al levantar las sábanas

jadeante como mamífera homicida

esa misma noche regresaba al combate.

Un postrero beso lacró la retirada

y nunca más volví a saber de ella.





Publicado por

Sergio Badilla

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