He vuelto a la barbarie amigos míos
como un pardal cegado que regresa a la rapacería
de su ecosistema
no obstante omitido retorna a su camada aún cuando
el vuelco flojo de la rueda abunda la tardanza
y demora el equipaje.
He vuelto a la barbarie amigos míos
más tarde de aquellos repetidos castigos
más bien
al averío con miserables razones
con las pupilas apuñaladas de llanto al cruzar la carretera.
Hubo – me recuerda mi madre - una larga época
infructuosa
de silencioso paganismo
cuando ella buscaba
a la luz trepidante de un cirio la materialidad
de la vida entre chantajistas y saqueadores.
He vuelto a la barbarie amigos míos
una vez que he dado sepultura a mis hermanos queridos.
Me repatrio a la corte de los hazmerreíres
por mera estupidez ( les debo confesar)
(y tal vez este no sea el caso y desacierte).
Era un pájaro sin bando entre las pajarerías migratorias
pagano y grotesco
con la certeza en mis labios que todavía tartamudean de pavura
ante la ávida rapiña.
Sin embargo el aplazado regresa a su bandada incluso
al giro del tiempo con mendiga espera
con sospechosa nostalgia
por mezquinas conjeturas
los párpados ofendidos de lágrimas en este trecho de la autopista
las maletas perdidas en la cinta giratoria
después de hallar los vestigios de mis hermanos muertos
y darles sepulcro en la albergada pureza de mi memoria.
EL SUJETO DEL CARRUAJE
En esta depresión se petrifica la individualidad
y la impaciencia aferrada al cerebro
me apaña con sus extremidades mugrientas
Mi crónica es sólo una sombría historia de antiguas leyendas
de ánimas excéntricas en una ciudad sitiada,
por esencias perturbadas que rebosan hasta el alba.
Con esta angustia se empiedran los rasgos distintivos de mi rostro,
el talante se abate con la necedad de la torpeza
y el sujeto del carruaje / con actitud de sajón imperturbable /
regresa con su carromato / celadamente /
para apoderarse de otro moribundo :
Es la sombra de la guadaña del carretero de la muerte
y Víctor Sjöström se concentra al observarlo desde la cámara
con un gesto dadivoso
Es el mismo David Holm en la víspera de
otro año, borracho y condenado a muerte
que divaga / sin apariencia / para cobrar los cuerpos inútiles
Con esta ansiedad se fosilizan los trazos
diferentes de mi contextura
mientras Selma Lagerlöf con su pluma regenera
las supercherías de Värmlandia
y el hombre de la carroza / con obediencia impasible /
retorna con su carricoche disimuladamente
a pretender otro agonizante
en una villa cercada,
por naturalezas inquietas.
NOCHE DE FESTÍN
Las nalgas de Marlene eran hermosas y afrodisíacas
bellas sus caderas a la altura de mis manos
la descubrí después de una borrachera hablando sola;
con los muslos apoyados contra mis flancos
la cama deshecha y una colilla extinguiéndose
en pavesa en la mesita de luz
Una señal paradisíaca en mi tierra desgastada de hendiduras.
Hacía tiempo que rondaba por regiones inexactas
donde suelen haber cantos de sirena cuando sube la marea
y la temperatura impúdica brota en licor
en el cuerpo libertino.
El refregón de su perfume me despertó ese amanecer
Cortinillas veteadas en la ventana en esa pieza blanca
devorada de claridad pájaros tropicales
de colores delirantes
y naves arrastradas por la corriente del río Paraná hacia
la cúspide donde mis pies, tropezaban con mis ojos .
y las nalgas de Marlene,
mientras la lluvia afuera, rebatía
la persistencia del otoño
al vaciarse las luces en amarillo en la intensa claridad del día.
Las nalgas de Marlene eran hermosas y afrodisíacas
esa mañana y unos cuantos días montaraces más
entre la prórroga y la profundidad
de sus secretos
como cándido ángel
recordándole que fui yo el que la descubrió
al clarear ese día en mi lecho
parloteando sola / luego de una noche impetuosa / de jolgorio.
EL HOMBRE DE CARTAGO
Se fosiliza la muchedumbre de este ancladero
con ansiedad espontánea:
Vengo a ocultar mi vida como los viejos elefantes
a esta ciudad que he preferido como hembra
pese a que ella se enemistó conmigo hace 30 años
El inventario se mofa del trotamundos con su vuelta
despreciable desgarbado todavía con su mente de europeo
con ademanes de inglés flemático agobiado de adversarios:
a escondidas
Es el viejo Strindberg caminando bajo la nieve en Karlavägen
o soy yo al mediodía en la costanera,
vagando sin rumbo para recuperar las huellas perdidas
en el pavimento.
Confusiones matemáticas explican mis años nefastos
Permanezco perplejo cuando un imprudente consulta por
la salud de mi madre y entonces pienso que aún soy trascendente
tras todas las luceras y las contrapuertas
El destierro /en el fondo/ fue más desamor que destierro
y quizás no lo que yo me imagino con en esta retornada
La luz de una farola obstruye / en parte / el repaso obstinado
de mis ojos con inquietud sincera.
El Mar está allí y se escapa en la línea de la probabilidad
de mi vista.
Augusto Strindberg / decaído y barbiluengo / ha regresado a Estocolmo
lee un volumen / en la torre azul de Drottninggatan /
sobre un hombre solitario frente al mar en Cartago.
NON NATUS
Quedó el hijo incompleto en la matriz de la helénica
de ojos glaucos
tenía apenas la forma de un bosquejo elemental de hermosura
en la infausta hora de un amor contrapuesto
desoído al momento de marchar a tientas
a la Macedonia de Alexandros
pero los ajenos, los excluidos de esta historia, el ímpetu de ellos
acabó en la parva mirada desde lejos
o en la nostalgia que hoy profeso siendo viejo.
El vástago sería sólo una excusa ingrata para la despedida
/sin imagen / non natus
Ahora entiendo cuando observo el mar en calma
la tenacidad escrita en tus pupilas intensas
mirando el horizonte,
y las palabras entredichas en un lenguaje inconexo
entre latín y griego.
Acaso el oráculo de Delfos hablaba por tu boca
en jerga extraña
y me imponía una mudanza
cuando el hijo fragmentario abandonaba
para siempre
el claustro maternal de mi helénica
de ojos glaucos
para volver sin una traza de mi sangre
a la Macedonia de Alexandros
CIUDAD TRANSREAL
Heme aquí, eternidad mía, / en este lugar /ya que no existes
más que en la incoherencia de mí intelecto
Me esté aquí paciente---así entre los humanos ---
cuando la energía se distorsiona en el caos y en la fealdad
Allí también impera la perfección y la belleza
porque la gracia es el fragmento que más reluce
en el resplandor de las sombras
y es la medida que más se oscurece en la claridad del día.
La partícula es también la totalidad descubierta desde la otra orilla
el andrajo que sobresale entre los harapos de mi vestimenta
al ofrecerme como callejera a la primera que pasa.
Acontéceme en esta circunstancia, perpetuidad mía, que no permaneces
más que en mi cerebro
En ese paraje se halla una heterogénea simetría
allí se encuentra mi fertilidad.
mi negación absoluta.
Los vicios y las virtudes me conciernan en la ciudad alucinante
idénticos en el territorio que tú observas sin mirar
porque lo conoces de memoria sin tener recuerdos
La nostalgia es sólo la presencia supuesta de un sospecha ilusoria:
Allí está mi otra identidad
Las moléculas son el todo y su complemento
una razón mayor para pensar en el quantum en la poesía
así esas féminas me enlazan a sus matrices ingénitas
en el instante que padezco de repentina agonía
en la íntima quietud de la cópula
Ocúrreme en este sitio, infinitud mía, que no vives más que en la duplicación
del esqueleto -en mi imaginaria semejanza-.
Pertenéceme pues al intervalo de la vida en la muerte
en esta individualidad tergiversada que es similar
a la verdad sucia:
así en la escoria como en el cosmos
en la unidad del vacío y la materia
y en la oposición de la gravidez y la energía
en el indicio de la más pura coincidencia
LA MUJER DEL SINAÍ
La conocí durante la tregua, cómoda y cruel
con un rifle en la mano
para matar me dijo sin ambages
qué chiflada, pensé calenturiento
y volví a mirar su culo esa mañana
a través de las cortinas
antes de irme
Me despisté en esa guerra con tanto tiroteo
al Sinaí el sol quemaba en la cabeza.
y ardían las plantas de los pies
ansiosa como zorra me fue a buscar
en celo al extremo del desierto.
Días turbulentos siguieron su hambre
y mistificaron mi sed.
Qué extravagancia, investigué su cuerpo
y otra vez miré sus nalgas al levantar las sábanas
jadeante como mamífera homicida
esa misma noche regresaba al combate.
Un postrero beso lacró la retirada
y nunca más volví a saber de ella.