Carolina Lorca y Fassbinder
Conozco a Carolina, sé de sus dichos, habríamos afirmado en los primeros setentas en las mesas del Cafés Cinema. Aquella adolescente que nos observaba como un gorrión asustado -tendría un poco más de diecisiete años- iba sin embargo a convertirse en esta poeta y en sus libros, la singular Carolina Lorca.
En 1978 aparece su primera recopilación, Declaración pontificia y otros poemas, de versos juveniles, irónicos y un tanto cínicos. El quiebre aún no se entroniza pero está allí, evidente: Todavía no veo por ningún lado/ el potencial romántico que tiene/ recibir el nuevo amanecer de un día nublado, / con los ojos como huevo frito y el hígado como sopaipilla, /pero aún más pasado. Al releerlo surge la duda si ahí no se esconde alguna metáfora, un metalenguaje disfrazado de chiste político.
Su segundo libro Ciegos aparece veintiín años después bajo el sello de Librería Altazor. Se trata ya de una poeta casi olvidada: Una voz ajena cuando se es extranjero, sordo en las propias palabras, novato experto en la tierra, inquieta apenas poder señalar (...) No por confusión; sólo por la escritura, ningún otro temor. Vine aquí a pedir y me fue negado: espero. El juego de significaciones ha cobrado oficio en ella, quien en tanto prepara su obra mayor, Trilogía de los presentimientos, presentada el 2001 por Ediciones El Retiro. Se trata de la obra mayor y de una poeta madura. Aunque muchos -el crítico y poeta Jaime Valdivieso entre algunos- la consideran emergida al alero de Juan Luis Martínez; su actitud ante la poesía demuestra un gozoso intento de experimentar en el terreno propio del signo, siendo lo formal una condición esencial en todos sus trabajos.
Es así como llega A R.W. Fassbinder, un texto también escrito en alemán. En él habla del amor y de la infinitud del hombre ante el universo y de todo el aparato ontológico que conmueve esta existencia, en un homenaje -o simple utilización- de la desgarrada concepción de Rainer Werner Fassbinder.
Así como el amor es cuerpo y la poesía es instrumento de aquel, el amor carece de palabras y todo término es entonces innecesario. Un viejo lugar común (o una olvidada película) indica que el amor no se dice, sino se hace. Y un nuevo principio señala que la poesía nace del cuerpo en tanto instrumento, aparato musical para generar sonidos en comunión al ritmo sanguíneo, a la actividad de la caja toráxica. Poesía es verbo, Verbo es el inicio y el inicio es acción. Pero también el cuerpo fluye en sudor y otras magníficas producciones y es allí donde amor y poesía pueden cruzarse a la distancia. Aunque a veces, este desencuentro espacio temporal nos reduzca a la desesperación.
Rainer Werner Fassbinder fue autor de 37 largometrajes y 4 cortometrajes, actuó además en 14 filmes entre 1967 (Tony Freunde) y 1982 (Kamikaze 89, de Wolf Gremm). Intensa vida (entre 1945 y 1982) da razón al término Carpe Diem e inaugura su trabajo con un título que nos parece ya una declaración de principios, un arte poética, una postura estética destacada por la poeta. Dice el director de cine alemán: Liebe ist kälter als der Tod: El amor es más frío que la muerte.
Desde este lugar se debe leer el trabajo de Carolina: como textos del cuerpo y del deseo. Ya se ha propuesto, es el cuerpo que habla a través del lenguaje -su mejor metáfora- y de la cultura -el más brutal eufemismo que nos coloca como personajes de una pantalla imaginaria sobre la cual creemos, y queremos, vernos. Porque, maldita estructura, represión e infelicidad, nos remarca ella... me parece que el amor es el mejor,/ el más insidioso,/ y el más eficaz/ instrumento de represión social.
El amor no podría responder al lenguaje humano; no cabe en los signos; los signos lo limitan; se repite: el amor no es asunto de palabras. Schlechte Gedanken, Malos pensamientos, dice ella a su vez. Toda interpretación es una violación del texto original tanto como la poesía resulta en una mañosa intervención sobre la realidad (si acaso queda en parte dibujada por ésta sobre la pantalla imaginaria). Pero es la intervención del hombre, en tribu, en horda, en multinacional, en barbarie, la que en una exacerbación del concepto cultura, ha intervenido con mayor desparpajo este pobre planeta enfermo. Para vivirlo, para amarlo, nace el instrumento; para morirlo, para descastarlo lo convierte en instrumento de sí mismo; y no olvidemos, el individuo en tanto sociedad también es naturaleza. Allí va la queja de Fassbinder; o como nos explica la poeta, su pesimismo, su estética.
Todo Fassbinder es una queja; es la defensa de algo. Carolina Lorca lo señala a través de la única interpretación posible ajena al discurso de la ciencia, opuesta al signo de la filosofía: la poesía. Es decir, utilizando un mecanismo de subversión para indicar las raíces, la verdad, la razón, a través de sonido, sentido y textura semántica.
Entonces, he allí el objetivo del bilingüismo: no es posible dialogar con alguien sino ingresamos al interior del lenguaje. Sostiene Carolina -no puedo confirmarlo en tanto no he leído todo Fassbinder (y menos aún en alemán)- que ha vertido a tal idioma sus propias versiones en castellano y al castellano los fragmentos acompañados de Fassbinder.
El diálogo entre autor y lector se convierte ahora en la audición casi involuntaria del diálogo entre otros. Con el oído atento intentamos comprender qué habla esta pareja; qué se dice respecto de la muerte, esa institución tan fría como el amor, determinada por la sentencia de un médico forense: no se aprecia la intervención/ de terceras personas.
El cuerpo, el mismo instrumento que para amar clama por otro y para dejar no se reclama, está presente en el discurso (¿de Fassbinder, de Lorca?) cuando se señala: nuestras relaciones mutuas son juegos crueles, porque no reconocemos nuestro final como algo positivo. Es positivo porque es real. El fin es la vida concreta. El cuerpo debe entender a la muerte...
Anotamos a pie de página: fin y finalidad están en el mismo extremo del continuum, el cuerpo vino al mundo para amar; el signo vino al individuo para reclamar esta exigencia y, a lo Gonzalo Millán, la muerte es el fin de la vida. Se trata de un paneo en 360 grados.
Carolina Lorca nació en Viña del Mar, en 1954. Estudió Filosofía y Literatura. Ha publicado Declaración pontificia y otros poemas (1978), Ciegos (1999), Trilogía de los presentimientos (2002) y A R..W. Fassbinder (2003).
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